jueves, febrero 01, 2007
Tomar la leche
Si hay algo que me devuelve a la infancia es una merienda típica, en la que no falten los cuatro elementos básicos: manteca, dulce de leche, mermelada y miel. En otro blog se hablaría de las diferentes combinaciones que se pueden hacer con estos cuatro, o de las variantes del pan, las tostadas las galletas, de la criollitas, de las semoladas, del pan negro,…etc. Pero este no es un Blog.
Algún día del año 1987 estoy haciendo los planos de una máquina de morder tobillos a control remoto en la cochera de mi casa y escucho unos gritos que vienen del fondo. Al rato veo llegar corriendo a mi hermana con las manos en la cabeza que se tira a la pileta y se queda hundida un rato. La amiga que viene detrás se queda en el borde y cuando mi hermana saca la cabeza del agua se sienta en el borde de la pileta y le pregunta: “¿querés que lo llame a tu papá?” (mi papá es un hombre bueno que soluciona cualquier problema).
Algún día del año 1993 estoy revisando el canasto de los juguetes y escucho unos gritos en la calle: Salgo con mi papá y veo a mi vecino (un tipo que golpea a la mujer y todo el barrio lo sabe) corriendo a alguien que se escapa velozmente en bicicleta (y no es la mujer). Mientras lo corre descalzo por el ripio, le grita: “vení hijo de mil puta!! te voy a matar, te voy a hacer mierda!!!!. Cuando escucho eso tengo ganas de meterme adentro pero mi papá se queda inmóvil, no se asusta. Mi papá es más corpulento que el tipo descalzo pero más bajo. Tengo miedo. El tipo vuelve bufando. Mi papá se adelanta y le pregunta: “¿qué?”. Mi vecino le dice: “lo voy a matar, si vuelve lo mato”. En eso se acerca la esposa de mi vecino que viene consolando a una chica, otra viene por atrás: “el hijo de puta ese le metió la mano en la cola” le explica. Mi papá protesta y dice que hay que estar atento, que esos tipos vuelven.
Cuando finalmente la chica y su amiga que no son del barrio se van puedo ver que tiene una mano de barro marcada en la cola.
Algún día del año 1990, en el fondo de mi casa, mi mamá nos pone una jarra enorme de esas de tapa blanca que hay en todas las casas llena de leche en polvo preparada con nesquik y azúcar y biscochos de salvado duros con margarina. Estamos mis hermanitos, un amigo de mi hermanito, uno de mi hermanita, uno mío y yo. Ellos tres son hermanos entre sí también. Son los Sánchez, que son muchos, incluso hay otros que no coinciden con la edad de ninguno de mis hermanos, intermedios. Cuando nos servimos la leche y empezamos a tomar el más chico de los Sánchez prueba y dice: “Está muy dulceada”. Yo me pongo nervioso y lo miro a mi amigo para que rete a su hermano, pero dice: “si, está muy dulce”. Yo me siento mal, muy mal.
Algún día del año 1987 estoy haciendo los planos de una máquina de morder tobillos a control remoto en la cochera de mi casa y escucho unos gritos que vienen del fondo. Al rato veo llegar corriendo a mi hermana con las manos en la cabeza que se tira a la pileta y se queda hundida un rato. La amiga que viene detrás se queda en el borde y cuando mi hermana saca la cabeza del agua se sienta en el borde de la pileta y le pregunta: “¿querés que lo llame a tu papá?” (mi papá es un hombre bueno que soluciona cualquier problema).
Algún día del año 1993 estoy revisando el canasto de los juguetes y escucho unos gritos en la calle: Salgo con mi papá y veo a mi vecino (un tipo que golpea a la mujer y todo el barrio lo sabe) corriendo a alguien que se escapa velozmente en bicicleta (y no es la mujer). Mientras lo corre descalzo por el ripio, le grita: “vení hijo de mil puta!! te voy a matar, te voy a hacer mierda!!!!. Cuando escucho eso tengo ganas de meterme adentro pero mi papá se queda inmóvil, no se asusta. Mi papá es más corpulento que el tipo descalzo pero más bajo. Tengo miedo. El tipo vuelve bufando. Mi papá se adelanta y le pregunta: “¿qué?”. Mi vecino le dice: “lo voy a matar, si vuelve lo mato”. En eso se acerca la esposa de mi vecino que viene consolando a una chica, otra viene por atrás: “el hijo de puta ese le metió la mano en la cola” le explica. Mi papá protesta y dice que hay que estar atento, que esos tipos vuelven.
Cuando finalmente la chica y su amiga que no son del barrio se van puedo ver que tiene una mano de barro marcada en la cola.
Algún día del año 1990, en el fondo de mi casa, mi mamá nos pone una jarra enorme de esas de tapa blanca que hay en todas las casas llena de leche en polvo preparada con nesquik y azúcar y biscochos de salvado duros con margarina. Estamos mis hermanitos, un amigo de mi hermanito, uno de mi hermanita, uno mío y yo. Ellos tres son hermanos entre sí también. Son los Sánchez, que son muchos, incluso hay otros que no coinciden con la edad de ninguno de mis hermanos, intermedios. Cuando nos servimos la leche y empezamos a tomar el más chico de los Sánchez prueba y dice: “Está muy dulceada”. Yo me pongo nervioso y lo miro a mi amigo para que rete a su hermano, pero dice: “si, está muy dulce”. Yo me siento mal, muy mal.
Etiquetas: 2001, jenna jameson orto gran hermano
